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NOVEDADES

Carta de nuestro Hermano Fray Gabriel Gomez desde su noviciado en Lima Perú.

Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación. Is 61, 10

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Queridos hermanos/as en Cristo:
Hoy me encuentro caminando en esta nueva etapa que me ha tocado, que es el noviciado, y les escribo con el ánimo de compartir con ustedes esta alegría que rebosa mi alma en un eterno agradecimiento a Dios, nuestro Padre bendito, por el infinito amor que me ha tenido.
Y todo comenzó aquel día, más precisamente, un 28 de enero en el que se hacía memoria de Santo Tomas de Aquino, doctor de la iglesia, en que nosotros postulantes hasta entonces, seriamos revestidos con el habito santo de la Orden de San Agustín. Ese día será un acontecimiento que quedara grabado en lo más hondo de mi corazón, y que lo recordare tal cual lo he experimentado en ese momento, como un bautismo de fuego, que solo nos lo da nuestro Señor Jesucristo a todo aquel que se convierta sinceramente y de corazón a Dios.
Llegado el momento de la ceremonia, según el ritual de la orden, para que los neo-novicios seamos revestidos con el santo habito, me invadió tremendamente una sensación de gozo en el Señor. Fue ahí cuando me sentí amado por El, que es rico en misericordia, y bondadoso para con quienes se vuelven a El de corazón.
En ese momento siendo revestido con el habito santo, propio de los hermanos agustinos, sentí una gran emoción, que casi no podía hablar, quedando como mudo de tanta felicidad. Mas no hablaba mi boca, pero mi corazón sí que hablaba y cantaba alabanzas a Dios, y le daba las gracias por haber puesto su mirada en la pequeñez de su servidor. Más también me fue inevitable contener las lágrimas. Así pude sentir en todo mi ser el amor de Dios Padre para con sus hijos.
Así caí en la cuenta de que aquello que andaba buscando existía. Y como todos los hombres y mujeres de la tierra andaba yo detrás de la felicidad que llenase mi vida, más no la conseguía, contentándome con felicidades pasajeras, pero que no llenaba ese vacío en mi alma. Durante la eucaristía le di las gracias a Dios por su infinito amor para con este pobre hombre.
Hoy estoy seguro de algo, que Dios me ha llamado a seguirlo en la radicalidad del espíritu agustiniano, asumiendo la vida en comunidad como la primera comunidad de Jerusalén, (Hch 2, 42-47), quienes todo lo tenían en común, más nada propio tenían. También cultivando la vida de interioridad, mediante la oración y la contemplación de la persona de Jesucristo y el estudio. Para luego predicar la verdad que hemos contemplado a todas la naciones de la tierra. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad la buena nueva de Dios a toda criatura. (Marcos 16, 15), que se traduce como el servicio a la iglesia.
Todos los días al contemplar a Jesús crucificado, que es donde más vivo esta, le dirijo unas palabras de agradecimiento por su infinito amor para conmigo y para con todos los hombres del mundo, y renovando mi promesa hecha desde aquel momento en que me decidí responder al llamado de Dios, le dije: ¡Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad!
Ahora con profunda alegría llevo conmigo el santo habito de los Hermanos Agustinos como novicio de dicha Orden. Y Me siento profundamente agradecido con Dios y con mis hermanos agustinos por su cálida compañía desde la oración y la presencia, cuyo afecto se siente mucho.
Ruego a Dios y a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo con el Espíritu santo y por la intercesión de Santa María Virgen, que nos concedan a nosotros los Hermanos Agustinos ser fieles al carisma que hemos heredado de nuestro Padre San Agustín.

¡Saludos a todos mis hermanos de Argentina!

Fray Gabriel Gómez Romano O.S.A

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