El Pilar

CUARESMA 2014

El Pilar

El Miércoles, 5 de Marzo, señala el inicio de un tiempo litúrgico diferente al que teníamos hasta este momento. Vivíamos el tiempo litúrgico denominado Tiempo Ordinario y ahora comenzamos otro distinto, la Cuaresma, la preparación para la Pascua, para la celebración de los grandes misterios de nuestra fe: la entrega de Jesús, su pasión, su muerte, su sepultura y su resurrección. Es el misterio del infinito Amor de Jesús que se ofrece como sacrificio de oblación por todos los hombres y así llevarnos a la unión con el Padre.

Cuaresma tiempo de purificación. Tiempo de reflexión y meditación. Tiempo de volver sobre uno mismo, de buscar espacios de tranquilidad y mirar hacia dentro, en el interior. Tiempo de ser conscientes de nuestras pequeñeces, de nuestras muchas necesidades, de nuestras carencias, de nuestras debilidades y fragilidades.

Tiempo, también, de mirar a lo alto, de limpiar nuestra mirada y hacerla más pura, transparente y sin dobleces. Tiempo de escuchar. Escuchar a Dios. Escucharle en su Palabra. Escucharle en sus sacramentos. Escucharle en la oración. Escucharle en nuestros hermanos con nuestras buenas obras. Escucharle con nuestros gestos: gestos de generosidad, de solidaridad, de fraternidad.

En la cuaresma, la liturgia de la Palabra nos va acompañando y nos va ayudando en nuestra peregrinación hacia la Pascua. Miércoles de Ceniza y cinco domingos a través de los cuales Dios nos va a ir hablando y mostrándonos el camino a la Pascua, a la resurrección, a la Vida.

El Miércoles de Ceniza se nos recuerda que el hombre es polvo y en polvo se va a convertir. Alejado de Dios se encuentra perdido, sin horizontes, vacío y sin vida, muerto. Buscar de vuelta el camino hacia Dios y con Dios. La conversión. Tironeados por los atractivos del mundo, del demonio y de la carne, con la oración, la penitencia y la limosna vamos volviendo de a poquito a las Casa del Padre.

El primer domingo con las Tentaciones que nos narra el evangelista Mateo se nos enfrenta al “tumulto” de tentaciones que acechan al hombre, a todo hombre, para alejarlo de su centro, de su origen y de su meta. Por eso, las respuestas contundentes y categóricas de Jesús que nos enseñan y muestran el auténtico sentido de las cosas: “no sólo de pan vive el hombre”, “no tentarás al Señor tu Dios” y “al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás”. ¿Cuáles son hoy nuestras tentaciones? ¿Quién/es es/son nuestro/s dios/es? ¿A quién o a qué servimos? ¿Cuá es nuestro alimento? ¿Dónde ponemos nuestro corazón?

Los otros cuatro domingos de cuaresma –el 2do. es el de la Transfiguración, el 3ero la Samaritana, el 4to el Ciego de nacimiento y el 5to es el de la Resurrección de Lázaro- nos van mostrando y señalando aspectos que van ayudando a nuestra fe, a su crecimiento, a su fortalecimiento, a su autentificación.

A quien seguimos y quien nos invita a recorrer el camino de una manera determinada, con un estilo concreto –el estilo del Reino- es Jesús, el Hijo predilecto del Padre, a quien hemos de escuchar. Es el Dios con nosotros, en le camino de nuestra vida.

Un estilo de vida marcado por el servicio, por la Samaritana, por la ayuda al hermano, por buscar y trabajar en pos de la dignidad del ser humano y de todo ser humano.

Seguir a Jesús desde el servicio y con fe. Es la fe la que nos va ayudando, alentando y abriendo horizontes para que nuestra esperanza se fortalezca y nos ayude a dar frutos de amor. ¿Quién pecó? Es Dios quien nos va mostrando su misericordia y su amor y así poder ser nosotros también los testigos de esa misericordia y amor en nuestra vida cotidiana, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en todas y cada una de nuestras actividades.

Seguir a Jesús, sí, porque es seguir a Alguien Vivo, a Alguien que venció la muerte, a Alguien que nos abrió las puertas de la eternidad, a Alguien que devuelve al corazón humano los más profundos deseos y anhelos de paz y felicidad, de vida y asmor, de dicha y plenitud.

La Cuaresma nos invita a recorrer el camino hacia la Pascua. Un camino de vida, de luz de esperanza. También, un camino de purificación, de conversión, de peregrinación. Un camino de subida a la montaña y, por tanto, un camino de esfuerzo, de lucha, de sacrificio. Un camino de oración, de meditación y de escucha al Dios que nos habla en el silencio y en la vida sacramental.

Peregrinamos, avanzamos, nos purificamos. Abrimos la mirada. En lo alto brilla una Cruz. Y, un poco más allá, la Resurrección y la Vida. Animados y guiados por el Espíritu caminamos hacia la Resurrección cargados con nuestra cruz.

Que el Señor y nuestra Madre la Virgen del Pilar nos ayuden en nuestro peregrinar y nunca nos falte el consuelo de su mirada amorosa y su aliento de maternal.

P. Pablo Sánchez, osa
Párroco

Parroquia Ntra. Sra. del Pilar | C/ Colón 1839 | S2000FKC-Rosario | Santa Fe | Argentina |