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NOVEDADES

PADRE SALUSTIANO: MISIONERO AGUSTINO | BOLETÍN SEGUNDO

Queridos amigos y amigas del P. Salustiano:

De nuevo me pongo en contacto con cada uno de ustedes para seguir conociendo la vida y la obra del querido P. Salustiano, que recorría las calles de nuestra Ciudad de Santa María y de Salta, con su paso ligero, como quien siempre tiene alguna tarea importante para realizar.

Cuando leemos el libro de su biografía, concretamente en el capítulo 5º, encontramos testimonios de los sacerdotes agustinos que lo conocieron, como el P. Gerardo Ureta y P. Juan Antonio Caramazana, ya gozando de su compañía en la Casa del Padre Celestial. También tenemos el testimonio del P. Hipólito, que lo recuerda siempre como un excelente Superior, cercano, comparable a un buen padre, buscando lo mejor para cada uno de sus hijos. Precisamente ha querido ofrecernos un testimonio más amplio sobre esos años de estudiante, en el Monasterio de Nuestra Señora de La Vid, donde todos hemos estudiado.

Les brindo este valioso y vital testimonio:

De pronto, y al impulso de cierta nostalgia, sentí ganas de recordarlo y hablar de él; como, por otra parte, tanta gente aquí, en Salta, lo recuerda con cariño y habla de él. Nada de nuevo, sino hacer memoria y comentar algunos detalles puntuales de su hermosa vida.

Lo tuve como profesor, “pedagogo” y superior, en mis años de filosofía y teología, en La Vid (Burgos). Más tarde, nos veríamos por largos años, trabajando los dos, como misioneros, en la Prelatura de Cafayate, (República Argentina). 

Quiero comentar, agradecido, algunos detalles de su rica personalidad, que, después de tantos años, han quedado gravados a fuego en mí memoria. 

La primera imagen que me viene a la memoria, es verlo, al mismo tiempo, tan austero y tan cercano; que, por otra parte, es el talante propio de los santos; nada más ni nada menos que el talante evangélico, es decir, el talante propio del comportamiento de Jesús de Nazaret. 

Austeridad, desde el punto de vista de la pobreza de Jesús. En palabras de san Bernardo: “Pobre en su nacimiento, pobre durante su vida y pobrísimo en su muerte en la Cruz”. 

Salustiano fue un digno cultivador de esa austeridad, que no hiere a la vista, pero que edifica con su sobriedad. En su manera de vestir, de alimentarse, de usar las cosas, siempre se movió en una “sancta sobrietas”. Y también sobrio, austero en el hablar: jamás salió de sus labios palabra de doble sentido. Al contrario, ante una insinuación menos adecuada de los compañeros, era posible que respondiera con una expresión muy suya: “¡Qué majadero eres!” Lo que equivale a decir, más o menos: “Amigo, deja de decir bobadas”. 

Esa austeridad la ilustramos y la potenciamos con una anécdota: sobre todo en los días viernes, se notaba que Salustiano “rengueaba” de una pierna; y nuestra sonrisa no se dejaba esperar al comentario: “A Salus hoy se le fue la mano apretando el cilicio”.  

Austero consigo mismo, pero cercano a los demás: su infaltable sonrisa en el trato fraterno, era proverbial, siempre salpicada con alguna broma ocurrente. 

A pesar de su personalidad fuerte, no inspiraba temor o retraimiento, sino más bien, cercanía y proximidad, como quien invita al diálogo. Salustiano estaba tocado por la comprensión y la afabilidad. 

Otra faceta característica del P. Salustiano era su permanente optimismo y su constante sonrisa. Su frecuente e inconsciente muletilla era: “¡Qué bueno, qué bueno!”. Esto nos indica que, inconscientemente, todo lo hipotecaba a la mejor parte. 

Recuerdo con qué alegría, y a los saltitos de niño, cantaba con los Cursillistas: “De colores…” En una palabra: el optimismo y la alegría le salían de dentro, con la naturalidad y transparencia que salta a borbotones el agua de una fuente. 

Sus alumnos siempre le reconocimos y agradecimos el esfuerzo y la responsabilidad con que preparaba, horas y horas, sus clases de Derecho y de Moral. De ahí, la contundencia y el aplomo de su doctrina y de sus explicaciones; pero, no a manera catedralicia y dictatorial, sino sencilla y agradable, chispeando siempre el contenido serio con alguna broma pertinente. 

Su comportamiento social era educado y puntilloso: lo mismo cuando, como Superior, recibía a las autoridades, que cuando recibía a los huéspedes que visitaban el Convento. 

Pero, por encima de todo, Salustiano era un hombre espiritual y un religioso piadoso: bien lo olfateaban las religiosas de diferentes lugares, que, con frecuencia lo solicitaban, para que fuera su confesor o les diera ejercicios espirituales. De paso, no quiero dejar de recordar su devoción mariana; en particular por Nuestra Señora del Buen Consejo. 

Imposible no comentar un detalle, – para mí heroico -, por el Reino, que demostró al final de sus importantes cargos en la Orden: Al finalizar su mandato como Asistente General en Roma, podía haber elegido una casa confortable o un Convento preferido para morar y descansar. Y, sí que eligió: alma ardiente y misionera, eligió, personal y generosamente, la Misión, en la recién fundada Prelatura de Cafayate (Argentina); a sabiendas de las carencias, donde todo estaba por hacer. Ahí gastaría y desgastaría sus días, en medio de sacrificios y dificultades, en una entrega por demás heroica. 

Y, en verdad, se enamoró de la Misión: daba gusto verlo hablar, fogosamente, después de sus correrías misioneras por las estribaciones pre-andinas, Antofagasta de la Sierra, Toro Yaco, El Peñón, etc. 

Salustiano, a pesar de su edad ya provecta, no dudaba en emprender viajes misioneros a caballo, pues amaba intensamente a los collas. 

Pero, en bien de la transparencia, sobre su rica personalidad, y, evitando ser traicionado por la amistad, debo manifestar toda la verdad. No hay duda de que, Salustiano tenía un carácter fuerte y difícil de dominar. Quizás la reciedumbre de las costumbres ibéricas lo llevase por ese lado, o los imponderables de una educación patriarcal. Lo cual, de por sí, no tiene nada de negativo. Es más, eso, sin duda, habría de facilitar mucho el futuro de su purificación ascética. 

De san Bernardo se cuenta que, de joven, tenía un carácter “endiablado”. Después, a fuerza de yunque y martillo, y, desde luego, con la gracia de Dios, consiguió ser “El Doctor Melifluo”. 

Me consta la fuerza de voluntad y el martirio incruento que debió sufrir Salustiano, para corregir su enrevesado carácter; al punto de convertirse, en sus últimos tiempos, en un ejemplo de mansedumbre, para la admiración de algunos de sus compañeros. 

Finalmente, su servicio a la Orden y a la Iglesia, queda de manifiesto en la prontitud y el bien que hacer en todas las circunstancias que le pidió la obediencia. 

Salustiano siempre fue un religioso fraterno, alegre, comunitario y servicial. Lo vi moverse en la Vicaría de san Antonio, parroquia de Santa Teresa de Salta. Dos amores lo movieron en esa comunidad eclesial: la solicitud por la atención a los enfermos, y el empeño por mantener el Comedor Comunitario, que hoy lleva, precisamente, su nombre. 

Hoy, a veinticuatro años de su fallecimiento, es evidente que su memoria está viva entre los que lo conocieron y, con frecuencia, lo evocan con cariño. Su perenne recuerdo perdura, ostensiblemente, en la placita que lleva su nombre con un pequeño monumento, rematado con una plaquita de bronce, donde se leen los principales datos de su vida. Amén de una hornacina, incrustada con su fotografía en una de las paredes interiores de la capilla.

No hay duda de que, la memoria nostálgica y amiga del P. Salustiano Miguélez, sigue hoy viva en la Villa San Antonio y en todos los lugares en que le tocó misionar. 

P. Hipólito Martínez, osa

         Mi sincero agradecimiento al recuerdo fraternal y cariñoso del P. Hipólito, que como buen alumno reconoce las hermosas enseñanzas y los preclaros ejemplos del P. Salustiano, que fue su profesor y, más adelante, su compañero y siempre amigo en las tareas apostólicas, que la Iglesia les fue ofreciendo.

        Les saluda fraternalmente y sigamos rezando por la pronta beatificación del querido P. Salustiano.

P. Pablo Hernando Moreno

FAVORES Y TESTIMONIOS

Las personas o familias que reciban algún favor por intercesión del P. Salustiano o quieran darnos su testimonio, pueden enviarlo a la Parroquia de Santa Teresa de Jesús de Salta o la dirección abajo indicada.

Para comunicar favores o pedir información: P. Pablo Hernando Moreno, O.S.A. San Martín de Tours 2949 1425 Buenos Aires Tel. (011) 2299 0077 antimohernando@hotmail.com pablodelacruz27@gmail.com  Vicariato San Alonso de Orozco Orden de San Agustín www.sanagustin.org