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Reflexiones Fray Hipólito | LA SAL COMO PARÁBOLA

De sobra conocida, pero su virtualidad, nunca agotada. Siempre me resultó enigmático, casi misterioso, el sentido de la sal en los labios de Jesús, tan cercano y tan humano. Y, sin embargo, en su contexto, una parábola tan feliz.

En primer lugar, la sal era un elemento abundante en la Judea, especialmente en la zona del Mar Muerto. Y, sobre todo, habría observado, muchas veces, a mamá María echar sal a las comidas. Por eso, no se le ocultaban las bondades de la sal:

. sazona y da sabor a los alimentos,

. preserva de la corrupción,

. estimula el apetito,

. tiene poder curativo antibacteriano, antiinflamatorio,

. da su vida, desaparece, por servir a los demás.

Y, seguramente, que tampoco se le escapaba a Jesús el escozor urticante que provoca la sal al caer sobre la grieta de una herida.

Todas estas cualidades bendicionales del elemento sal, le vinieron a Jesús, como anillo al dedo, para aplicárselo, a manera simbólica, a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra” (Mt 5,13) Quería decirles: Ustedes deben ser para el mundo, como la sal:

Ante lo desabrido, insípido, desangelado y “sosera” de la vida, deben enseñar a vivir sazonada y sabrosamente. Echar al vuelo las campanas, porque Dios es sabor, alegría y paz.

Ante la podredumbre, la corrupción y todo lo nauseabundo de la sociedad, deben ser fragancia de jardín, perfume de incienso y “buen olor de Cristo” (2 Cor 2,15) Ante las grietas, desgarros y heridas del mundo, deben ser caricia, bálsamo, ternura, buen sabor, como la sal.

Y, para que nada falte a la parábola, no se deben olvidar los efectos mordientes y cáusticos de la sal sobre las posibles heridas: la herida se resiste, grita ante el escozor; pero, si quiere cauterizar, es el precio que ha de pagar.

 Lo mismo, pasará con ustedes, mi sal, dice Jesús: ante la exigente propuesta de mi doctrina, habrá rechazo, habrá resistencia; es posible que la sal provoque sangre, pero es el precioso auspicio que la herida está próxima a cauterizar.

Y otra cosa: si vuestra vida y vuestro mensaje no provocan ruido                                                           y escándalo, es evidente que vuestra sal se ha vuelto sosa, ha perdido el mordiente y se ha tornado insulsa, insignificante y desabrida.”

Buena señal cuando la sal mortifica, molesta y hace soplar; mejor señal cuando la presencia de un cristiano, metido en la entraña de un ambiente podrido, exacerba, escuece, hace rechinar los dientes y comienza a escandalizar. Sólo entonces es evidente que la sal, “atrevida” y provocativa, está produciendo revulsivo y que el Reino comienza a caminar.

Último y dramático paralelismo: la sal muere, se diluye, desaparece, al tiempo que da sabor y gusto a los alimentos. Así el verdadero discípulo de Jesús; con su vida y su comportamiento, dando gusto a la vida, se diluye, muere y desaparece.

Hermosa parábola la dela sal, sólo digna de Jesús.

P. Hipólito Martínez, osa